Ayer recibí, a eso de las tres de la tarde, una llamada. Que buen inicio de historia, ¿verdad? Pero no tiene ninguna importancia, lamentablemente, sólo era para darle un toque de suspenso... La llamada era de mi madre, quien me solicitaba si por favor podía comprar dos botellas de jugo Watt's. Fue bastante específica en que tenían que ser de esos en botella y Watt's. Los sabores los dejó a mi criterio, no sin antes señalar que el de kiwi le parecía muy bueno.
La cosa es que yo no volvería al hogar hasta pasaditas las ocho, según mis cálculos, con lo que el jugo y yo íbamos a llegar atrasados a la misa/cena organizada para las siete. En todo caso, ni al jugo ni a mí nos molestaba llegar atrasados, sobre todo en consideración que la misa iba antes de la cena, con lo que seguí con las actividades programadas para la tarde.
Como era esperable, la meta de estar a las ocho en la casa se vio truncada cuando recién a las ocho y cuarto hacía yo mi ingreso al Líder de Tobalaba con Las Camelias, también conocido como el Líder de la tercera edad, en directa alusión a los octogenarios que gustan de pasear por los estrechos pasillos del supermercado a ritmo pausado, por decirlo respetuosamente, llenando sus carritos con salvado de trigo, caramelos de anís, y todos esos productos que suelen encontrarse sólo en los refrigeradores de los abuelos.
Me sorprendió a mi entrada el increíble cambio experimentado por el super. Al parecer, la señora Correa, gerenta/modelo de comerciales del Líder, notando los sentimientos hacia ese local específico, decidió modernizarlo con una nueva distribución, estantes más delgados, pintados de negro, pasillos más anchos, letreros negros con verde, y una serie de cambios estéticos que me parecieron ultra modernos. Mi felicidad viró en angustia cuando noté que ya casi nada estaba donde solía estar. O sea, el proceso de encontrar dónde habían puesto los jugos me llevó bastante más tiempo que el acostumbrado.
Una vez encontrado el pasillo, y localizados los jugos Watt's en botella, raudamente tomé uno de kiwi, para después quedarme unos minutos analizando qué otro sabor era el apropiado. Fui seleccionando más que nada por descarte. Los de durazno y damasco fueron rápidamente descartados, por espesos y dulzones. Piña, muy tropical para la estación. Frutilla, podía ser, pero después pensé que llevar un jugo rojo y uno verde era muy navideño, así que la estación tampoco era la apropiada. Así, me quedé con el tradicional jugo de naranja. Gran elección considerando que fue el único que llegó a tomarse por completo, quedando el de kiwi relegado a un segundo plano, siendo su actual destino el refrigerador. Tras la elección de jugos, me dirigí al pasillo del alcohol, dispuesto a comprar un regalo para un cumpleaños que se efectuaría esa noche. Grande fue mi sorpresa al comprobar que ese día tenían un 30% de descuento sobre todo el alcohol, salvo pisco y whisky, con lo que pude comprar una botella de vodka que me dejaría muy bien frente a la cumpleañera.
Feliz con el descubrimiento, me dirijo a las cajas, donde rapidamente me percato que la modernidad no ha llegado a ellas. Eternas colas me hacían presagiar una espera prolongada. Acomodé las tres botellas lo mejor que pude para evitar riesgos de que se me cayeran antes de pagar por ellas. Me instalé en una de las cajas express, para 15 productos o menos, y esperé mientras me llegaba el turno. De repente, desde mi bolsillo empieza a sonar la melodía "Sábanas Blancas, Cama Estrecha", de Mastretta, el único tono de mi celular desde hace unos años ya. Complicado, intento sacar el celular cuidando que las botellas estuvieran a salvo, lo que me lleva más tiempo del que normalmente me demoraría en sacar el celular del bollsillo. Era la Tere, contándome de ésto y aquéllo, preguntándome en dónde me encontraba y hacia dónde me dirigiría en el transcurso de la noche. Le cuento que estoy en la cola del supermercado, del evento en mi casa, y de la lata que me da llegar a la misa que ya se estaba celebrando en mi casa, pero que probablemente me perdería dado lo avanzada de la hora, para mi felicidad.
Cuando cuelgo unos segundos después, me percato de una situación un poco vergonzosa. Yo hablando de lo fome de la misa y demases, cuando una persona más adelante que yo en la cola van dos monjas... Evidentemente se percataron de la conversa, dado mi volumen cada vez que hablo por teléfono. Aunque en lugares públicos trato de pasar más desapercibido con el teléfono, es cosa de que me suene el celular para subir el tono unos decibeles más.
Trato de desentenderme de las monjas y hacerme el tonto, preocupándome de mis botellas, cuando noto que atrás mío alguien tararea una canción conocida. Y no cualquier canción, sino que la canción de mi celular... Y no digamos que sea la canción del verano ni mucho menos, como para que cualquiera la ande tarareando en la cola del supermercado. Espero a que se quede callado, pero el de atrás sigue pegado con la cancioncita. Sorprendido, me doy vuelta a ver quien será, demás que es un conocido tratando de llamar mi atención. Negativo. Un total desconocido, de unos cuarenta años, gordito con ropa de oficina. Ensimismado cantando las notas que probablemente se aprendió mientras sonaba mi celular. Muy extraño. Y en eso sigue mientras avanza la cola, pago y me voy, escuchándolo en su personal tarareo. Paro a comprar cigarros en la tabaquería, y al salir lo veo parado junto a la entrada, haciendo nada. Temeroso ante la presencia de un potecial sicópata, me largo rápidamente del lugar en dirección a mi casa, apurando el tranco para que mi atraso no sea tan notorio. A eso de las nueve hago mi ingreso, la misa ya finalizada y todos listos para comer.
De la comida en sí nada especial que destacar. Se acabó temprano, y me dirigí con el vodka al cumpleaños. Que era bastante lejos. Una vez ahí, intentando recordar cuál era la casa, llamo a la cumpleañera para que me refresque la memoria. No recibo contestación. Llamo a una amiga de la cumpleañera, quien entre risas me informa que el cumpleaños ha sido suspendido. Debo haber sido el único que nunca supo. Así que hubo que regresar, con la cola, y la botella de vodka, entre las piernas.
17/06/07
La cola del supermercado
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07/06/07
Innovaciones
Los laberintos de internet son misteriosos. Nos llevan a conocer cosas que creíamos inexistentes. En el último tiempo habían sido personajes insólitos. Ahora tecnología pura.
Gracias a la revista electrónica Supernovapop, la cual imprimí para leer en el metro, me enteré de la existencia de Last.fm, un sitio musical bastante interesante, así que llegué ese día a mi casa, me hice socio, y me olvidé del tema. Días después, navegando en Super45 me encontré con un artículo sobre si eres mainstream o no, en el que se señalaba que alguien había diseñado un sistema para usuarios de Last.fm que buscaba la música que habías escuchado, la analizaba según una fórmula rara y te decía que tan mainstream eras. Entusiasmado seguí el vínculo, pero al ingresar mi nombre de usuario tiraba error: todavía no escuchaba música en el programita. Vuelvo a Last y averiguo como se escucha música, proceso al que llaman scrobbling, y tras un par de días escuchando música al ritmo de mi trabajo de Energías Sustentables, ya hay un avance sobre qué tan mainstream soy. Entretenido, verdad?
Pero lo más interesante es que vi que te generan una radio personal según las cosas que vas escuchando, y que además puedo introducirla libremente en el blogs, con lo que a su derecha podrán observar mi nueva y reluciente radio! Si les molesta, presionen off o equivalente en cualquier minuto. Me cargan las páginas con musiquita, pero siendo la propia todo se ve de forma distinta...
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Juano
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01/06/07
Lo que queda de Mayo
Se acabó Mayo. Tenía grandes expectativas para este mes. Algunas se cumplieron. Otras no tanto. Pero lo importante es lo que queda. Y no ha podido terminar mejor que el día de hoy, mirando idiotizado la cordillera desde el metro hasta llegar a la universidad, y paseando en la tarde por Providencia tratando de evitar el granizo que por un breve lapso de tiempo sacó a todos a la calle a sapear. Así da gusto vivir en Santiago.
Lo que quedó:
- 1 novela entretenida
- 1 recopilación de artículos sorprendentes
- 1 película polaca setentera
- 6 degustaciones de vino
- 2 nuevas sensaciones en sabores de helado
- 1 disco anteriormente pasado por alto
- 1 visita extranjera confirmada
- 1 fotolog insólito y genial
¿Se me olvida algo?
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17/05/07
María, La Mazorca
En La Serena, donde vivíamos en casa, alguna vez tuvimos una mini huerta, cortesía de las clases de inglés que teníamos la Xixi y yo. Es que aunque lleváramos ocho años en colegio gringo, mi madre, temerosa de que perdiéramos el segundo idioma, le pidió a una amiga que nos hiciera clases de conversación en inglés, que finalmente consistían en hacer una serie de actividades didácticas en el idioma de Shakespeare, como ir al supermercado, hacer galletas, o ir de paseo a comprar manjar duro en la casa de los ladrillos rojos en Algarrobito. Y una de las actividades fue comprar semillas y plantarlas todas juntas en un macetero de esos cuadrados largos de plástico. Plantamos todo y pusimos carteles indicando qué era cada cosa, para no perdernos. Días después, nuestro querido can Alexander Helmut, el salchicha, quitó todos los cartelitos y revolvió todo el macetero, con lo que finalmente lo poco que brotó de ahí tuvo identidad desconocida, y finalmente se secó y hasta ahí llegó el proyecto.
Esa era toda mi experiencia en la botánica doméstica hasta el año pasado, cuando, cortesía de la Cata, me entusiasmó la idea de plantar una semilla de choclo en la terraza. La idea me alucinó por completo: una enorme mazorca saliendo desde la ventana de un departamento hacia la calle. Seríamos, probablemente, los más originales de este barrio de viejos e hipocondríacos, en palabras de la Bea.
La semilla era básicamente un grano de choclo como deshidratado, o sea, una especie de pasa en versión choclo, arrugada y amarilla. Había un macetero vacío, y en silencio planté la semilla siguiendo los consejos jardinísticos que se me habían dado. No quería que mi mamá supiera que había plantado un choclo, creo que a ella no le hubiera gustado tanto como a mí la idea de una mazorca apareciendo por ahí. Que irían a decir los vecinos...
La cosa es que pocos días después de ejecutada la plantación, llegan a pedirme que plante no se que cosa en el macetero vacío de la terraza. Acorralado, y viendo el riesgo que corría mi mazorca, confesé que ya había plantado algo en ese macetero, pero que no iba a decir que era.
"¡Marihuana!" exclamó mi espantada madre. "¡No me digas que plantaste marihuana!". Entre risas, mías y de la Xixi, le conté que lo que había plantado era una mazorca, y que no quería decirle para que no impidiera la plantación. Fue en ese minuto en que la Xixi bautizó a la mazorca: se llamaría María. María, la mazorca. Marizorca, para los amigos...
A los pocos días, apareció entre la tierra un punto verde. Todos los días la regaba y la veía crecer. Se convirtió en un personaje del hogar, todo el que llegara iba a mirar los avances de María. Al principio fue increíble, crecía a un ritmo admirable, para lo que yo me esperaba. Llegadas las vacaciones, dejé encargada la mazorca a mi hermano Diego, para que la regara durante el tiempo en que yo no estuviera. Cada vez que hablábamos por teléfono, pedía avances sobre el estado de María. Las noticias eran buenas, María seguía creciendo. De vuelta en Santiago, la volví a ver, era una mazorca preadolescente, luchando por seguir creciendo. Pero se hizo evidente un grave problema: no le llegaba suficiente sol. Las otras plantas le tapaban el sol a toda hora. Traté de armar un hoyo entre las ramas, pero fue infructuoso.
Pero el golpe bajo fue cuando conocí a las hermanas de María quienes habían sido plantadas en la huerta de la Cata. Tenían que medirse en Estadios Nacionales... Eran absolutamente enormes, se veía que en cualquier minuto iban a estar listos los choclos. María al lado parecía un pitufo, no medía más de 30 centímetros, era debilucha y claramente no me iba a dar ni un choclo esta temporada.
El golpe de gracia llegó más tarde. En un arranque de cariño por María, mi preocupada madre desenterró de la bodega un fertilizante que tenía, probablemente, desde la época en La Serena. Cuidadosamente fertilizó a María, además de dos matas de albahaca que recibí de premio de consuelo por lo piñufla que había resultado mi mazorca, y otro arbusto enredadera de toda la vida de mi casa. Por alguna extraña razón, el fertilizante ese se transformó en veneno de plantas. En pocas horas, María yacía acostada sobre la tierra, y las albahacas empezaron a botar sus hojas. En un principio pensé que les faltaba agua. Pero la tierra tenía un color ceniza muy raro. Era el fertilizante.
María murió pocos días después, no hubo oportunidad de salvarla. La albahaca pereció al tiempo, víctima del mortal fertilizante. El arbusto, que tenía un tronco fuerte y las ramas enredadas adheridas a la pared, dio la pelea un tiempo más, pero nada pudo apartarlo de su destino, que estaba escrito. En esa esquina de la terraza ya no hay nada.
Esta es la única foto que tengo de María. Fue tomada, aunque parezca mentira, una noche de eclipse lunar. Saqué la cámara para fotografiar la luna, y de pasadita aproveché de sacarle una foto a mi María. Fueron sus últimos días.
Como ven, no todas las historias tienen un final feliz.
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Juano
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08/05/07
De abuelas y helados
"Érase una vez, una abuelita que sacó a pasear a su nieto predilecto. Le compró un helado en el Emporio de la Rosa. Mientras caminaban por el Parque Forestal, al nieto se le cae el helado al suelo. El niño, muy apenado, se agacha para recoger el helado, a lo que su abuela le dice: ¡Niño! ¡Las cosas del suelo no se recogen!"
El resto me imagino que ya se lo saben... Pero bueno, al que no lo sepa, el chiste termina cuando la abuela tropieza con una hormiga cabezona en la calle, y al pedirle ayuda al nieto para levantarla, este responde diciendo que no, porque las cosas del suelo no se recogen.
En eso pensaba yo hace poco tiempo, cuando recién llegado a mi casa, como a las nueve de la noche, después de una prueba de Marketing, me encuentro una nota en mi cama para que haga tallarines para comer a las 9:20. Y como yo no le hago ascos a la cocina, raudo partí a preparar tallarines a la boloñesa. La salsa ya estaba hecha, con lo que fácilmente podría haber calentado la salsa en el microondas, hacer los tallarines y listo.
Pero no, mi espíritu gourmet no lo permitió, aún cuando se tratara de un simple plato de tallarines con carne molida. Mientras hervía el agua, comencé a calentar la salsa a fuego lento, hidratándola poco a poco para que no perdiera humectación. Cociné los tallarines hasta que estuvieron casi al dente, los saqué y dejé que terminaran de cocinarse en la salsa, con algo del líquido de los mismos tallarines, para que la pasta agarrara el sabor del tomate y la carne. Tallarines al dente y caldúos, mis favoritos.
A las 9:20 en punto los tallarines estaban listos, recién sacados de la olla. Sirvo dos platos, uno para mí y otro para mi hermano Diego. Las otras están a dieta, así que no comen tallarines, sino unos potingues con quinoa y otros cereales, con pinta de alpiste. Le paso el plato a Diego, quien se encontraba comiendo chicle. Y estando yo sentado, listo para empezar a comer, escucho la risa nerviosa de Diego, seguida de un "no fue a propósito" o algo por estilo. Y es que ahí mismo, figuraba Diego con el plato en la mano, pero todos los tallarines en el suelo. Y no digamos que en la parte de la cocina que nadie pisa, sino que justo entre el basurero y la cocinilla donde acababa de hacer los tallarines. Nota al público: cuando salí de la prueba en plena noche, tratando de encontrar un atajo para llegar al metro, pise una poza de barro. O sea, los tallarines figuraban encima del suelo que mis zapatillas con barro habían pisado los últimos veinte minutos. Y es que cuando el niño se agachó a botar el chicle, le dio una pendiente al plato lo suficientemente adecuada para que los tallarines caldúos resbalaran directamente hacia el suelo.
El sentimiento de ira rápidamente se transformó en preocupación. ¿Qué se hace ahora? ¿Se come los tallarines o no? Pensé que lo lógico era que no, pero él insistió en recogerlos y ponerlos en su plato. Antes de que se los comiera, le dije que limpiara el suelo, y que esperáramos a que llegara nuestra madre, y que ella decidiera que se hacía. Como mucho, se hacían más tallarines y listo. Pero mientras tanto, yo no estaba ni ahí con que se me enfriara el plato, así que comí mientras azuzaba al niño para que dejara el plato tranquilo hasta que llegara el veredicto final. Con horror vi como se metía tallarines a la boca y los absorbía como en "La Dama y el Vagabundo". Ya veía como los pedazos de barro le quedaban en la boca.
Cuando finalmente llegó la decisión maternal, esta vino acompañada de reto y todo. ¡Pero para mí! Que como tan exagerado, que si nunca había comido cosas del suelo... En eso tenía razón, pero siendo un plato de comida entero, y pudiendo evitarlo... El plato se calentó en el microondas y fue engullido por el hambreado Diego en pocos segundos. Yo no podía dejar de pensar en esa sabia abuela, y en como una de las lecciones básicas aprendidas en la infancia se iban por el remolino del water tan rápidamente.
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Juano
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30/04/07
La Letra Chica
Ayer me dediqué a uno de mis pasatiempos más ñoños, pero predilectos, dentro de lo que se puede hacer un día fomingo en mi casa. Leer el diario. Me instalé después de almorzar con mi botella reciclada de agua mineral Vital (que hoy lamentablemente apareción en el basurero, y no he podido identificar al culpable), mi cajetilla de Belmont Light y mi encendedor verde, y por supuesto mis anteojos (que cada día estoy usando más) en la terraza del depto con todo El Mercurio del día domingo. Es que aunque El Mercurio alguna vez mintió, ahora está bastante entretenido. Sobre todo los domingos, con el Reportajes, la Revista del Domingo y esas cosas. Estuve toda la tarde informándome sobre el magro estado del mundo y de nuestro país, hasta la hora de comer.
Pero lo que más me sorprendio de todos los cuerpos y suplementos del diario, fue un folleto de una farmacia con nombre de calle. No lo analicé mucho, pero creo que jamás había visto que una farmacia imprimiera folletos publicitarios de ese estilo. No le di mayor importancia, hasta que me puse a pensar en la cantidad de farmacias que hay aquí en Santiago. Sólo pensando en mi barrio, la cosa es un poco absurda...

Y analizando más este hecho, empecé a preguntarme ¿por qué es que se da esto tan absurdo? ¿Existe tanta gente enferma como para tener tantas farmacias tan juntas? No veo el negocio.
Pero el folleto del diario me abrió los ojos. Empecé a analizarlo más detenidamente y la verdad es que la cosa es bien perversa. En la portada del catálogo figura una rucia bien estupenda, parecida a Helen Hunt (la rucia de la serie gringa de la parejita neoyorquina, que se rehizo en Chile con nefastos resultados), vestida sólo con una bufanda roja... ¿Qué promociona esto? Esta farmacia te protege contra el invierno. Que fuerte. Lo que hay que hacer para vender Tapsin. En todo caso, no se confundan, no es que me haya bajado el moralismo anti-piluchismo, pero los publicistas de hoy en día parece que fueron todos a la misma universidad, donde el único ramo que vieron fue "Usar gente en pelota para vender cualquier cosa" I, II, III y hasta terminar la carrera. Un poquito de creatividad, por favor!
Ya por dentro, el catálogo promociona sus productos y ofertas como si comprar Nastizol, Omeprazol y Trioval fuera tan lógico y común como comprar tallarines, lentejas y manzanas. Las promociones incluyen desde termómetros digitales por la compra de antibióticos, hasta aerocámaras por la compra de inhaladores, como si fuera absolutamente normal y atractivo tener niños asmáticos para andar poniéndoles estas máscaras inhaladoras. Foto al lado de un padre feliz con su hijo. Por lo menos están vestidos...
Pero sin duda, lo más revelador está en la última página, la contratapa. El nombre y logo han sido eliminados para protegerme de futuras acciones legales en mi contra por mal uso de imagen corporativa.

¡NO SE AUTOMEDIQUE! La letra chica, al costado derecho... He ahí el porque de la invasión farmacéutica: el santiaguino promedio se automedica. Y las farmacias, aunque lo desicentivan en su letra chica, felices nos venden remedios y demases que no necesitamos, con la excusa de la prevención del resfrío y otras del estilo... Es lo único que explica farmacias llenas a toda hora. Por eso somos tan neuróticos y perseguidos. Por eso tenemos los índices de suicidio de los países escandinavos, sin la mitad del frío que pasan allá.
Lo peor de todo es que me di cuenta que no me libro. Cada noche, antes de acostarme, me tomo una cápsula de propóleo, a ver si paso un invierno libre de gripes. Todavía no es Mayo y ya llevo una...
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25/04/07
Descarada autopromoción
No se si se habrán fijado, pero he puesto en una posición de honor en el cuadrito de blogs amigos al recientemente inaugurado espacio cibernético de HuevoDuro Producciones. Un lugar para crear y soñar. A todos los simpatizantes del proyecto los invito a visitar el blog, que entre sus muchas gracias cuenta con cuatro co-autores, más los fichajes que se vengan, y vínculos para ver en línea los antiguos trabajos. O sea, "Se Llamaba Iván", y más nada por ahora, pero como HuevoDuro se viene, no se van a dar cuenta cuando ya tengamos cantidad de material fílmico. Además, si nos apoyas ahora que somos desconocidos, te aseguras nuestra amistad cuando nos hagamos famosos y ganemos premios y esas cosas. En nombre del equipo los invito a visitarnos: huevoduroproducciones.blogspot.com
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12/04/07
Personajes
Llevo bastantes días intentando aprender más sobre tecnología digital. Pero aprender haciendo cosas. Y ha dado resultado! El resultado deja bastante que desear, pero es un resultado al fin y al cabo: he logrado publicar videos en YouTube! Suena fácil de hacer, pero el tema es que los vídeos no eran cualquier cosa, vienen del archivo audiovisual familiar, o sea, han recorrido un largo camino para convertirse desde un video de cámara casera análoga, de cinta, a lo que son ahora. Aunque claro, tampoco puedo arrogarme el traspaso a digital. De eso se encargí mi madre, que mandó a traspasar todos los antiguos videos a DVD. Yo hice lo siguiente, traspasar el DVD a un formato que mi computador pudiera leer, y después acortarlos con Premiere, para obtener el resultado final.
La imagen es ahí nomás, el sonido está desfasado, y como no tengo los cuarenta dólares que cuesta la licencia de uno de los programas (y aunque los tuviera no la compraría), una frase en el centro recuerda que los usuarios no registrados quedan marcados así...
Dicho esto, les presento (a quienes no los conozcan) a mis abuelos españoles en dos videos de archivo del año 99, mi abuelo recitado un poema de Rubén Darío, y mi abuela contando un chiste de Bilbao. Dos personajes geniales.
Aviso a los Jiménez: Si es que encuentran un poco mucho esto de publicar videos familiares en Internet, me avisan y los saco...
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Juano
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