30/09/26

Huellas

Un problema recurrente que me ha traído la adultez es una extrema sequedad en la piel de las manos. Digo adultez porque realmente no soy consciente de cuando empezó. Si tuviera que calcular, diría que empezó en una franja de entre 12 y 6 años. Bastante impreciso... Posiblemente tenga que ver con la poca atención que le pongo a los temas de salud, que hasta que realmente no es muy molesto o repetitivo, no les hago mucho caso. Quizás siempre lo tuve, pero la juventud lo hacía menos evidente, y sólo la pérdida de colágeno lo hizo patente de manera tardía.

La ventana posible de inicio tiene 2 hitos: Por un lado 12 años que volví de São Paulo a Santiago, dejando ese breve lapsus de geolocalización en clima subtropical humedo, que potencialmente sólo retrasó los efectos en mis secas manos, y que a veces olvido que realmente sucedió. Y 6 años que, ya en Madrid, y perpetuando mi preferencia por los climas secos, di con un dermatólogo que pacientemente me explicó que mis dedos permanentemente desacascarados, despellejados y feos no eran debido a un hongo hambriento que se fuera a expandir por toda mi piel, sino a simple falta de humectación en las manos. Crema Nivea, y a seguir viviendo.

Con el tiempo me he acostumbrado a usar crema de manos todos los días, algunas veces al día, y la situación está bastante controlada. Aún así, hay momentos en que por mucha crema con urea que me ponga, veo venir que la piel de las yemas de los dedos va a dejarse ir, se endurece primero, para luego agrietarse y poco a poco secarse y caer, dando paso a piel nuevecita, que me durará unos meses antes de volver a empezar su ciclo de decaimiento y resurgir. Ahora, más que ojos de lagartija, como me llamara (¿cariñosamente?) el que pensaba sería el partner de mi vida, mucho antes de que nos cayeran los 40, lo que tengo son dedos de serpiente, que de tanto en tanto cambian de piel.

Esto me ha hecho también acostumbrarme a convivir con una huella digital que se resiste a dejarse identificar, poniendo barreras físicas que confunden a lectores en bancos, aeropuertos o para desbloquear el celular. Una huella a ratos borrosa, inconsistente y caprichosa, lejos de la objetividad rotunda que se esperaría de ella.

En mi actual búsqueda de reconectarme con el año 2007, me estoy exponiendo a la otra huella digital, que sí cumple ese rol de fiabilidad de la que carece la de mis dedos: la que he ido dejando en Internet, o documentando digitalmente. Me estoy encontrando con que esa huella puede ser una imprevista contradicción de mis recuerdos, con demasiada frecuencia acaba desafiando y corrigiendo a mi memoria, que descubro se parece más a mis huellas dactilares de lo que hubiera pensado.

Lo primero que hice fue anotar qué hechos relevantes recordaba sucedieron en 2007. Sólo ese ejercicio me llenó de más preguntas que afirmaciones. Desde ¿esto pasó realmente ese año?, hasta, ¿esto pasó?

Lo siguiente fue listar todas las fuentes que se me ocurrían de información digital que me pudieran ayudar a encontrar respuestas. Paso a listar:

- Este blog: su (llamémoslo) apogeo fue el 2007. Da alguna pista de qué estaba haciendo en el día a día, qué me interesaba, o más bien, que quería mostrar que me interesaba. Me ha sorprendido alguna frase olvidada que tiene su gracia y me ha sacado alguna risa. También lo que deliberadamente no contaba. En general me ha ayudado a ubicar y ordenar hechos en el tiempo, y hacerme una idea de lo que quería proyectar.
- Pavorosa Adolescencia: durante mis años de adolescencia llevé una bitácora, por no decirle diario, que me da más vergüenza, donde escribí en varios cuadernos lo que pensaba y sentía. Dejé de escribir pasada la adolescencia, pero curiosamente, escribí un último capítulo a mediados de 2007, a modo de cierre años después. Antes de venirme a España, preparando la mudanza, decidí que el material merecía inmortalizarse, y me pasé una tarde entera escaneando hoja por hoja. El pdf resultante lo bauticé como "Pavorosa Adolescencia", y ese capítulo final de 2007 es la idea real que tenía de mí mismo, sin adornos ni apariencias. Me ha servido como contraste a la realidad paralela y complementaria del blog.
- Gmail: sobra explicación. Cientos de comunicaciones desde lo más nimio a lo súper trascendente. Tuve el buen ojo anticipado de clasificar los mails, entre Amigos, Familia y Universidad, que ahora me ayuda filtrar y empezar a entender el día a día, que en esa época coordinaba casi enteramente por ahí. Con quien hablaba, sobre qué, qué se compartía. Esta me va a costar tiempo de abarcar.
- Fotos: esta es muy simple  pero tiene una dificultad añadida: mi computadora histórico, donde tengo todo guardado, dejó de funcionar allá por 2022. En este afán de rescate, decidí invertir en recuperar la info con una empresa especializada. La entablemente, dentro de su especialización no está la logística, con lo que si bien en teoría consiguieron recuperar prácticamente todo hace semanas, no han sido capaces de entregármelo. Tras 3 intentos fallidos y muchos mails y llamadas exageradamente indignados, espero recogerlo esta semana.
- Facebook: Me puedo estar equivocando, pero me quiere sonar que 2007 es el año que empecé a usarlo. No sé cuanto jugo le voy a sacar a esto, pero no pierdo esperanza de que revele cosas interesantes.
- Foros: esto es más complicado, pero me suena en esa época comentar en foros o otros blogs. Espero que Gmail me de pistas, y ver si alguno sigue vivo.
- Last FM: ese año empecé a usarlo. Acá lo tengo súper claro, yo quería y me esforzaba en ser indie, y posiblemente mis scrobbles de la época lo reflejen. Sé que sigue activo porque volví a usarlo hace unos años, y mantiene el historial de la música que escuché en 2007.

Después de algún inesperado duelo por aquellas cosas que sé que no voy a recuperar (SMS, descansen en paz), me siento preparado para empezar a abordar este listado. Espero aclarar dudas, responder preguntas, y ojalá sorprenderme. Y que esas sorpresas sean mas alegrías que decepciones, y no acabe arrepentido de haber dejado un rastro que empeore lo que tengo en la cabeza. Si así fuera, ya vendrá 2047 a rectificar esa realidad, con el aprendizaje de que hacer esto igual no era tan buena idea.

11/09/26

El Proyecto

 La nula repercusión de mi post sobre la Chirvi, totalmente esperable, por cierto, me tiene sumido en reflexiones varias hace unos días. No es que esperara que volver a publicar algo en este blog 13 años después de dejarlo tirado se fuera a hacer viral, de hecho la pura noción de que esa fuera una posibilidad, me haría dejar de hacerlo del todo. No le dije a nadie, ni pienso hacerlo, de momento.

Este renovado interés por la Chirvi viene de la mano de una creciente nostalgia, más que por el personaje, creo que por los años en que fue relevante para mí. Saliendo de una crisis de los 40, que viví en simultáneo y solapado y me dejó con cambios radicales de estado civil y laboral, mi mente se ha estado fijando continuamente en el año 2007, ya lo suficientemente lejano como para que el recuerdo sea borroso y probablemente alterado, pero que ahora, además de que fue súper divertido, identifico como clave en empezar a ser la persona en que me he acabado convirtiendo.

Lo comentaba hace unos días en un Whatsapp con Warning: estoy en una fase medio melancólica, con 2007 en el centro. No es con pena, ni nostalgia de la juventud, ni ninguna sensación desagradable de tiempo perdido que podría esperarse. Es más bien con cariño, y genuina curiosidad por ubicarme otra vez en ese momento vital. Warning me contestó con una cita de Benjamin Franklin, que rápidamente el mismo invalidó como inexistente: "todo melancólico debe tener un proyecto".

Poco importa realmente si la frase efectivamente la dijo este señor o no. Me resonó inmediatamente, porque la falta de proyecto es una idea que he tenido muy presente en los últimos años, primero como carencia en mi anterior vida en pareja, y ahora solo, como falta para mí mismo.

A punto estuve de confesarle a Warning en ese momento que acababa de publicar en el blog. Pero me abstuve. Un poco por pudor, pero sobre todo, porque me va gustando cada vez más la idea de que si estoy escribiendo algo otra vez, sea en este lugar tan público y accesible, que sea imposible de encontrar. Y que ese gesto de publicar un post no sea más que un cierre mental propio, para mi satisfacción personal y nada más. Al final, para quién hace uno las cosas? Ya se lo preguntaba mi abuelo en la postal de Aden, la compraba para mí, o para él mismo? 

Hoy, creo que quiero escribir para mí, y volver a disfrutar del placer que me da pensar en algo, darle vueltas en mi cabeza y luego en la pantalla, puliendo hasta que crea que es justo lo que quería transmitir. Y que por favor, no empiece con un "Estimados", ni acabe en un escueto "Slds, Juano"...

Coincidencia o no, ayer me enteré por un mail de Songkick que Mastretta toca mañana en Madrid. Es de esos grupos que, creo, escuchaba mucho en 2007. Puede que no sea un recuerdo real, pero lo voy a interpretar como otra señal inequívoca de que 2007 me llama. Ya tengo mi entrada, y la idea de que este blog puede ser mi reciclado nuevo proyecto.