9/22/2007

Término Excluido

Es el título de mi nuevo proyecto fotográfico. Se me prendió la ampolleta y se me ocurrió fotografiar lo que ven a continuación. Tenía ganas de hacer un cortometraje, pero como no me manejo en la animación digital, tuve que dejarlo en foto nomás. Me pareció interesante.


9/07/2007

Amigos

Nos vamos a hacer famosos. En realidad, puede que nos hagamos famosos. He aquí el por qué. Hace ya uno meses, me encontraba yo en Madrid en muy buena compañía, preparándonos para celebrar el Año Nuevo que ya detallé en alguna ocasión anterior. Y como el mayor conocedor de Madrid del grupo, me vi obligado (aunque en rigor, los obligué) a realizar una extensa caminata para que conocieran los puntos destacados de la ciudad.


Después de un largo paseo, llegamos al Templo de Debod, construcción de más de dos mil años, y que fue donada por Egipto a España por alguna razón que desconozco. En resumen, una edificación egipcia en medio de un parque de Madrid. Para mi sorpresa, el templo estaba abierto, cosa que nunca había visto, con lo que entramos a ver jeroglifos y demases que ya he olvidado. Al salir, nos pareció una buena idea fotografiarnos, pero no una fotografía cualquiera, sino que emulando a los anntiguos egipcios, es decir, posando con los brazos formando ángulos rectos, al estilo egipcio.

Y bueno, la foto pasó al olvido hasta hace poco, cuando descubrimos que una de las participantes había enviado la susodicha foto a un concurso organizado por El Mercurio, cuyo tema es "Amigos". Sin el conocimiento ni el consentimiento de ninguno de los participantes, la foto fue enviada a fines de junio, quedando preseleccionada como una de las mejores fotos enviadas esa semana, y por consiguiente publicada en el sitio del diario.

El concurso tiene dos fases, la primera de ellas terminó hace pocos días, con lo que pronto sabremos si nuestra foto será premiada. Si es así, probablemente será publicada con bombos y platillos. Así que me adelanto a los hechos, pasen o no, para mostrarles una copia. También puede ser observada ingresando aquí.



De izquierda a derecha: Tere, yo, Xixi, Jose y Warning.

8/30/2007

Ya podemos dormir en paz

A todos los santiaguinos que no han podido conciliar el sueño los últimos meses, les comunico que ya no es necesario. El problema se ha acabado. La búsqueda ha concluido. Y con un final feliz, porque, sí, por fin ha aparecido Lupita, la elegante perrita (por no decir directamente perra, que suena muy feo) que estuvo desaparecida por Santiago durante casi tres semanas.



Sus dueños no sólo empapelaron la capital con fotos de la susodicha, sino que por alguna extraña conjunción de los astros o quién sabe qué lograron concitar el interés de la prensa de difusión nacional, y no sólo de aquella que no se caracteriza por entregar noticias de peso. Tuve que enterarme de que había sido encontrada a través del noticiero central de un canal que se jacta de tener un área de prensa seria y pluralista...

¿Tan poco pasará en este país y en el mundo en general como para que esta "noticia" reciba tal nivel de exposición? Es un poco insólito que haya tan poca cosa que decir como para que en la hora del día que se dedican a informar nos saturan con estupideces de este estilo. Que país...

¡Noticieros de media hora ya!

8/08/2007

Ser buen samaritano no paga

Nunca fui niño-scout, ni estuve cerca de serlo. No sólo porque no existiera en mi colegio serenense ningún movimiento del estilo, sino porque no podía llegar a interesarme esto de acampar, caminar en fila y cantar. Pero si algo tengo del espíritu scout es lo de las buenas acciones. Tu buena acción del día. Tampoco es que la vaya buscando ni cuente cuantas llevo, pero cuando se presenta la oportunidad igual la hago.
El caso es que ayer se me presentó una de estas oportunidades de ser un buen samaritano. Y el logro fue doble: han escuchado eso de que la ocasión hace al ladrón? Bueno, estuve en una situación en que podía ser ladrón, buen samaritano o peatón despreocupado de la suerte de los desconocidos.
Volvía yo de la universidad en el metro, y quería sacar plata para comprarme un sandwich en el Castaño para almorzar viendo Los Venegas. El cajero automático del metro estaba lleno, hay dos, pero uno estaba fuera de servicio en plena hora de almuerzo de las oficinas. Así que en vista de que bo había otro cajero cercano, me puse a hacer la larga cola, detrás de una señora que estuvo todo el tiempo con la cabeza metida en la cartera, buscando su tarjeta. La cosa es que cuando le tocaba a ella, todavía no la había encontrado, así que me dijo que pasara nomás, y se hizo a un lado.
Me acerco al cajero y leo la pantalla: ¿Desea impresión de comprobante? El señor de antes de la viejita había dejado su tarjeta puesta, exponiéndose así a un facílisimo robo, que yo mismo hubiera podido perpetuar con toda naturalidad. Sin embargo, de inmediato apreté "No", para que luego se me consultara si quería realizar otra operación. Pulsé "No" nuevamente y la tarjeta fue rápidamente expulsada. La saqué del cajero, y contraviniendo todos mis principios acerca de la dignidad, me puse a correr en la estación, buscando al legítimo dueño de la tarjeta. Como sabrán, creo que no hay nada que exprese un menor sentido de la dignidad propia que correr en la vía pública, sobre todo cuando se corre como yo lo hago... La cosa es que encontré al señor, y le devolví su tarjeta, ante su sorprendida mirada, seguida de un expresivo agradecimiento.
Habiendo cumplido el deber del buen samaritano, vuelvo al cajero. La viejita está haciendo sus trámites. Espero que la gente de la cola aplauda mi buena acción, pero soy absolutamente ignorado. Mi puesto de la fila... Olvidado. ¿No hubiera sido lo lógico que me guardaran el puesto? Pues no a su criterio. Al último lugar y esperar que me toque de nuevo...

8/01/2007

7/31/2007

Volando Vienen

Prólogo
No se por qué, pero me encanta ir al aeropuerto. Por alguna extraña razón, lo encuentro energizante, aunque no vaya más que de pasadita a dejar o a recoger a alguien. No sé si es por esa fascinante mezcla de todo que hay por ahí, los extranjeros con pintas extravagantes, los que se sacan fotos a la entrada de Policía Internacional, los que reciben con gritos y carteles a quienes vienen llegando... Es un lugar para instalarse a mirar a la gente. Ese aire de civilización y progreso, de una imagen de país moderno. Me encanta.
Un poco por todo esto es que cuando se me solicitó ir a buscar a dos señores que no conocía al aeropuerto hoy día en la mañana, no me pareció tan terrible. Además, le estaban haciendo un favor a mi madre y hermana que, en vista del evidente sobrepeso que traerán en las maletas a su regreso, le solicitaron a uno de ellos que trajera una de las maletas, ofreciendo mis servicios de chofer en agradecimiento a tan noble acto. Todo lo que yo sabía de estos señores era que uno se llamaba Andrés y el otro Jerónimo, sin apellidos, que llegaban en un vuelo de Iberia Madrid - Santiago hoy a eso de las siete de la mañana, que iban a andar acarreando una maleta roja (la que les encalillaron), más una breve y no muy detallada descripción física, que de poco y nada sirvió después.
Así que anoche, antes de acostarme, miré el horario de llegadas del aeropuerto en Internet, para asegurarme de estar ahí a la hora indicada. Pero la página indica algo que no estaba contemplado: no hay un vuelo de Iberia desde Madrid, sino que dos, a horas parecidas. Uno llega a las 7:40 y el otro a las 7:50. Que importa, serán dos distintos, pero llegan con muy poca diferencia, me dije, y me fui a acostar, no sin antes poner el despertador a las 6:15, un poco temprano, pero para ahorrarme el taco de más tarde.
Lo que yo pensaba que iba a pasar
23:45 - Me acuesto y me quedo dormido rápidamente.
06:15 - Suena el despertador, me levanto y me ducho.
06:45 - Salgo de la casa, pongo bencina rápidamente en la Copec de Tobalaba y me voy al aeropuerto.
07:10 - Estaciono y hago ingreso al Aeropuerto Arturo Merino Benítez. Observo la pantalla de llegada de vuelos y me siento en la barra del Le Fournil a desayunar. Un café cortado y alguno de esos panes que suelen tener en esos locales.
07:40 - La pantalla anuncia el arribo del primer vuelo de Iberia. Pago y salgo del recinto a fumarme un cigarro.
07:50 - Reingreso al recinto. La pantalla anuncia la llegada del segundo vuelo de Iberia. Me sitúo junto a la salida de pasajeros con mi cartelito "Andrés y Jerónimo" en la mano.
08:00 - Dos señores que se asemejan a la descripción dada salen de Aduana, y al ver el cartel, se me acercan, les doy la bienvenida a Santiago y salimos del aeropuerto.
08:20 - Dejo a ambos en la entrada de su hotel.
08:25 - Estoy de vuelta en la casa, con la satisfacción del deber cumplido, listo para irme a las clases de las 10:00.
Lo que pasó
23:45 - Me acuesto y me quedo dormido, no tan rápidamente.
00:35 - Mi hermano Diego entra a la pieza, despertándome cuando me acabo de quedar dormido, con la excusa de ir a tomar agua al baño. Como la noche anterior me había hecho la misma dos veces, intuyo que el problema es otro, con lo que saco un colchón y un saco de dormir y lo instalo a dormir en el suelo. Me meto de nuevo a la cama.
01:25 - Sigo despierto, con claros síntomas de insomnio. Me levanto a fumarme un cigarro en la terraza calculando mentalmente las horas de sueño que me quedan. No son muchas. Me acuesto por tercera vez en menos de dos horas.
02:50 - Doy vueltas en la cama sin encontrar la posición ideal para quedarme dormido. Prendo la tele para que me entre el sueño.
03:30(aprox) - Me quedo dormido.
06:15 - Suena el despertador. Me levanto y me dirijo al computador a revisar si hay algún atraso, para dormir un poco más. Con espanto, veo como el primer vuelo se ha adelantado, con hora de llegada confirmada a las 07:00. Corro a la ducha.
06:45 - Salgo apurado y atrasado de la casa, debido a múltiples olvidos: las llaves del auto, el cartelito, los anteojos, etc...
07:00 - A un par de kilómetros de salir del túnel de la Costanera Norte, se prende la luz avisando que se me acaba la bencina. He olvidado pasar a la Copec. Empiezo a pensar donde puedo encontrar una bomba, y recuerdo que alguna vez, yendo a dejar a alguien al aeropuerto, me pasé la salida y llegué a una bomba, donde pude dar la vuelta en U. Decido ir allá antes de llegar al aeropuerto, no me debería atrasar mucho, y papelón pasar a echar bencina con los señores desconocidos después...
07:05 - Hago ingreso a la Copec. Me pongo en una de las estaciones vacías. Hay alrededor de seis autos a mi lado. Y una sola persona atendiendo.
07:10 - Prendo el motor para irme en vista que nadie me atiende. Enseguida aparece un segundo bombero, al que le solicito unos pesos en bencina. Con santa calma realiza el proceso. Pago, y al verlo alejarse a buscar la boleta al otro extremo de la bomba, me retiro raudo sin esperar a que vuelva...
07:20 - Estaciono y hago ingreso al Aeropuerto Arturo Merino Benítez. Observo la pantalla de llegada de vuelos y, para mi asombro, veo que no hay ningún vuelo de Iberia en la lista. El único vuelo de Madrid es uno de Lan, que aparece como confirmado para las 07:10. Muchas caras confundidas miran el tablero, como si estuvieran tratando de entender un cuadro de Pollock.
07:25 - El aeropuerto está distinto. No hay una salida, sino dos. Bastante distanciadas la una de la otra. Y con vidrio polarizado en toda su extensión. O sea, no se ve nada para adentro. La única forma de ver por donde va a salir la gente es a través de dos pantallas de televisión, una a cada lado de la pantalla de llegadas de vuelos, que van mostrando a la gente pasar, según a qué lado del pasillo van a salir. A mí de poco me sirven, en vista de que no conozco a los señores y no se ve mucho tampoco. Así que empiezo a dar vueltas ente una salida y la otra mostrando desesperadamente mi cartel entre la muchedumbre.
07:40 - Cunde la desinformación, la pantalla sigue pegada, sin mostrar información nueva. Para mi espanto escucho diversos acentos españoles a mi alrededor, lo que indica que un vuelo de Madrid claramente ya llegó. Hace rato.
07:55 - Entre vuelta y vuelta me cruzo con una famosilla: Grimanesa Jiménez, que me sonaba por Los Venegas, Villa Nápoli y otras del estilo que se veían en las teleseries ochenteras...
08:10 - Subo al tercer piso en busca de un counter de Iberia donde me puedan informar qué está pasando. En vez de eso, me encuentro con un puesto de informaciones, donde solicito que por favor me informen de los vuelos de Iberia que llegaban en la mañana, y que no aparecen en pantalla. Me explican que no saben qué pasa con la pantalla, y si sé el número de vuelo. No. La cosa es que hay uno de Iberia operado por Lan que llegó a las 06:55 (el que se adelantó), y el otro de Iberia operado por ella misma, con hora de llegada confirmada 08:15 (se atrasó). Bajo nuevamente, esperando que ellos vinieran en el segundo avión y no en el primero.
08:20 - Sigo la rutina de un lado para otro con mi cartelito, que a estas alturas está arrugado y húmedo. Con vergüenza lo alzo entre las profesionales pizarras de los taxistas y choferes cada vez que sale alguien nuevo. Entre vuelta y vuelta me cruzo con Juvenal Olmos, que observa fijamente las pantallas que muestran a la gente saliendo...
08:30 - Empiezo a pensar hasta qué hora sería lógico esperar antes de llamar a España a avisar que no he encontrado a nadie. Cunde el pánico.
08:35 - Aburrido de dar tanta vuelta, decido jugármela por una salida. Y elijo la de la izquierda, que es donde hay más gente esperando. Decido que por algo será, así que me instalo.
08:45 - Empiezan a salir las azafatas y el piloto de Iberia. Pero, ¿no son ellos los últimos en salir? Concluyo que llegaron en el primer avión, y que claramente se fueron hace horas. Bajo mi cartel.
08:50 - Camino hacia la salida derecha por si acaso, y me paro a un lado, cuando de repente escucho decir mi nombre con acento español. En vez de encontrarlos, me encontraron ellos a mí. Avergonzado, en vez de darles la cordial bienvenida me disculpo por si llevan mucho rato esperando... Me aseguran que no, pero ya tienen un auto esperándolos a la salida. Son tres en vez de dos, y vienen con seis maletas, porque al parecer mi madre no fue la única que les encargó viajar con maletas ajenas. Mientras salimos, la pantalla de llegadas sigue tal cual estaba cuando llegué. Lo peor es que el más afectado por el jet-lag parezco ser yo, como si viniera bajándome de un vuelo Pekín - Santiago, y ellos fueran los tíos buena onda que me fueron a buscar al aeropuerto... Al auto que los está esperando se suben dos de ellos, Jerónimo (que a todo esto es el Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria) y el tercer señor, más cuatro maletas. Andrés y las dos maletas sobrantes nos vamos al estacionamiento.
09:05 - Bajamos al estacionamiento, yo con el carrito que transporta las maletas, intentando que no se me caigan del carro y mantenerme atento y agradable a la vez. Felizmente nada se cae, pero como no soy muy capaz de hacer dos cosas a la vez, debo parecerle un pelmazo sin tema.
09:15 - Después de hacer la cola para pagar el ticket, partimos rumbo al hotel, mientras me alargo con frases hechas sobre lo linda que es la cordillera nevada, que ahora mismo no se ve, el frío, el smog y otras del estilo. Si yo me estuviera conociendo, también me encontraría un latero.
09:35 - Llegamos, al hotel, trato de buscar estacionamiento pro no hay caso, así que me doy la vuelta a la manzana. Que resulta ser eterna. Cuando vuelvo a llegar a la puerta del hotel, paro el auto y entre bocinazos me bajo a sacar la maleta, dejando la encargada en el auto lógicamente, y me despido rápidamente para evitar que los conductores de atrás me linchen.
09:45 - Paso a comprar cigarros a la Copec.
09:50 - Llego a mi casa. Como no pude cumplir lo del Le Fournil entre todo el estrés, me preparó su sustituto, un Nescafé y una tostada con mantequilla, mientras pienso que ya no llegué a la clase de las 10:00, y que probablemente tampoco vaya a ir a la de las 11:30. No hay que sobreexigirle al cuerpo...
Epílogo
Parece que ya no me gusta tanto ir al aeropuerto. Me dejó molido. Espero recuperarme antes del jueves. Voy a ir a buscar a madre y hermana, que llegan en un vuelo Madrid - Santiago, a eso de las siete de la mañana...

7/20/2007

Vitamina C

Estoy vivo. Es una cosa que hay que agradecer. Las vacaciones han estado bastante bien, pero ahora sólo pienso en el resfrío que me tiene exiliado de cualquier contacto social que implique salir de la casa. Anoche me pasó lo mismo, sólo que pensé que con un día de cuidado sería suficiente para sanar. Me equivoqué. Estoy igual o peor que anoche, sólo que con un día de aburrimiento más a cuestas.
Pensé en quedarme en cama, y sí lo hice en la mañana, viendo SQP, pero no se si por el resfrío o qué, lo encontré más fome que nunca, y al poco rato me dio un dolor de espalda que me obligó a salir de la cama. Me sentí tan viejo achacoso, sin poder estar echado demasiado rato por dolor de espalda... Tarde tranquila, hasta que me informan que está publicada la toma de ramos. Desastre. Me dieron tres de seis. Así que nuevamente a buscar dos optativos y otro más de profundización para hacer algo este semestre. Y con la gracia añadida que los ramos con cupos son del estilo "Historia de la Lengua Española". Y lo peor de todo es que terminé tomándolo... Horror.
Y ya más entradita a noche, una que otra llamada para hacer algo en la noche. Me niego a todas aquellas que implican salir de mi casa, que son todas salvo una, que posteriormente es cancelada por la contraparte, con lo que aquí estoy. Así que en vista de mi falta de vitaminas me fui a exprimir unos limones a la cocina y con un concho de pisco que quedaba me preparé un pisco sour para mejorar la salud. En realidad, no se si habrá hecho efecto alguno sobre la salud misma, pero yo ya me siento algo más sano.

6/30/2007

La belleza

Me acaba de pasar algo triste. Pero, sorprendentemente, he logrado convertirlo en una fuente de orgullo.
Me explico. Estaba yo sentado frente al computador, haciendo nada, mientras la tarde afuera estaba en su máximo esplendor. El tibio sol de invierno, el azul del alto cielo mezclándose con el gris en degradé, la tranquilidad de un sábado de junio en la tarde. Y me dije a mí mismo, esto no puede seguir así. Así que agarré el libro que estoy leyendo y me dirigí a mi esquina favorita del barrio, Renato Sánchez con Gertrudis Echeñique, a terminármelo sentado en una banca. Así lo hice. La pena es que el peak del calorcito invernal ya había pasado, así que cuando me terminé el libro (fantástico, por lo demás), ya estaba casi oscuro y hacía bastante frío. Pero estaba feliz de haber dado un giro a mi apática tarde en casa.
Vuelvo raudo al hogar, y en el camino, empezando a notar como el frío me cala los huesos (culpa de lo desabrigado que salí, confiando en que se alargara el veranito de San Juan), escucho una conversación de dos señores de unos 60 años, que se despiden con un "Saludos a La Señora". La frase me queda dando vueltas, porque la encuentro lo más deprimente que puede existir, y en eso pienso mientras llego a casa y me preparo un café para paliar el frío.
Ya con café en mano, me dirijo a mi pieza, donde veo qué voy a hacer para seguir teniendo una tarde distinta, apegada a las cosas simples. Prendo la radio y pongo un CD de Suede, para levantar el espíritu, y mientras empieza a sonar "Beautiful Ones", me pongo a pensar qué podría hacer. Y se me prende la ampolleta: voy a documentar mi colección de vasitos, fotografiando cada uno de ellos. Saco la cámara de fotos, y empiezo a hacer las pruebas necesarias para ver qué flash es el indicado para lograr la foto ideal.
De pronto, la música para. Mi carreteado equipo de reproducción dice Error. Intento con otros cedés, pero no hay caso. Debería haberme dado cuenta del mal indicio. Enojado, pongo la radio, y prosigo con las fotos. Encontrado el flash ideal, uno a uno empiezo a sacar las vasos de la repisa, pero sólo llego al cuarto. Un vasito peruano, con una figura inca estampada en color plata. Un mal movimiento hace tambalear mi taza de café, y en mi ñurdez el vaso se me escapa de las manos, junto con chorros de café fluyendo fuera de la taza hacia el suelo. El resultado es el esperado: el vaso yace en el suelo, quebrado, sobre una fina capa de café. Estoy desolado.
En toda la historia de mi colección, que data del año '98, jamás se me había roto un vaso. Mi hermano Diego había roto uno, de hecho, el que inició la colección, pocos días después de que lo adquiriera. Sin embargo, eso le daba un toque mítico, el que lo inició todo era el primero en desaparecer. Pero en nueve años, con dos cambios de casa incluídos y uno de ciudad, no había ocurrido nada.
Consternado, admiro la escena en el suelo. Pero de repente, salta a mi cabeza la idea de la belleza. Así sin más, la belleza. Bastante tiene que ver con una etilizada conversación el día jueves, en que por horas discutimos sobre la estética y la belleza. También tiene que ver con que anoche me encontré con "Belleza Americana" en el cable, la cual por enésima vez me hipnotizó lo suficiente como para mantenerme despierto hasta altas horas de la madrugada. Así que, emulando al vecino que busca la belleza (no la estética) en cosas cotidianas, cambié el proyecto fotográfico por otro, obteniendo los resultados que a continuación se exponen. El vasito logrará trascender a través del arte, la belleza e Internet. Una maravilla.