Piensen en un día lluvioso de invierno. Con harto frío, caminando en la mañana debajo del paraguas, lo más rápido posible para no mojarse cuando, de la nada, aparece un auto a alta velocidad justo en el minuto en que tú caminas frente a un charco de agua... Como en el comercial noventero de Tapsin u otro medicamento del estilo, ese de los hermanos que, tras ser empapados por el conductor demoníaco, vuelven a su casa indignados y resfriados a pasar la gripe. Una clásica imagen de invierno.
Pero ¿podría una situación del estilo darse en otra estación del año? Dificilmente, creerán, a menos que sean yo y les pase lo que me pasó ayer.
Mediodía de un tibio y seco día de Mayo. Cielo completamente despejado, con el calor suficiente como para desprenderme de la bufanda y colgármela en el bolso mientras camino por Los Leones en dirección a la casa de mi amiga Teresita, quien me espera para ir de visita a terreno a los estacionamientos subterráneos de la Escuela Militar. Camino relajado, pero a paso rápido, absorto en quién sabe qué, cuando en dirección opuesta a mí una enorme micro troncal del Transantiago viene a toda velocidad. Una escena absolutamente normal, en cualquier caso, si no fuera porque a medida que se acercaba comenzaba a tomar forma una enorme ola café, en dirección a mi persona. Todo un charco de agua estancada me bañó de pies a cabeza, mientras infructuosamente traté de taparme lo más posible, y ante la mirada de dos señores que venían caminando en contra mío y que presenciaron el lamentable espectáculo.
Con una mezcla de ira y vergüenza traté de salir al paso dignamente. Terminado el chapuzón, seguí caminando al ritmo que llevaba, ignorando por completo a uno de los señores que algo me dijo cuando pasé junto a él. No sé si quería compartir el sentimiento o reírse de mí, pero no estaba yo como para ponerme a comentar el incidente. Desamarré mi bufanda del bolso para secarme un poco el pelo y la cara, mientras miraba como estaba manchado con gotas grises en toda la ropa, y pensaba que estas cosas sólo me pueden pasar a mí...
Sólo me queda preguntarme, ¿de dónde salió esa poza de agua? ¿No la vio el micrero antes de pasar a toda velocidad por encima? Tiendo a pensar que no, pero quien sabe, a lo mejor es parte del nuevo programa de entretenimiento a bordo del Transantiago...
5/07/2008
Leones mojados
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4/28/2008
Números
El seis es mi número favorito desde que tengo seis años. Alguien me preguntó alguna vez cuál era mi número favorito, y probablemente por falta de originalidad, dije seis. Era mi edad en ese entonces. No tenía más razón que esa. Cuando cumplí siete me vi en una encrucijada, ¿cambiar o no cambiar el número favorito? No sé si tiene mucho sentido tener números favoritos, pero yo me quedé con el seis para siempre.
El siete viene justito después del seis. Un número muy recurrente: los días de la semana, las notas musicales, las vidas del gato, las maravillas del mundo, las artes, los chakras, los colores del arcoiris, los sabios de Grecia, los reyes de Roma, las virtudes del budismo, y los tomos de Harry Potter, entre otros. (Gracias Wikipedia).
Pero es el siete también un número muy bíblico: los días de la creación, los pecados capitales, los sacramentos, las virtudes teologales, los dones del Espíritu Santo, los sellos del Apocalipsis... No es de extrañarse entonces, que en un país de tradición reliogiosa como Chile, el siete sea también la nota máxima que se puede alcanzar en cualquier evaluación.
Seis, siete. En conjunto, mi número del día de hoy. ¡Mi nota en el examen de grado!
A sólo un punto del siete. Mejor todavía. Significa que aún no he llegado a la cima, jejeje, y ya que no quiero alcanzarla siendo tan joven, lo dejo para más rato. Por ahora, me quedo con mi casi perfecto 6,7. Yupi!
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4/16/2008
Pan y Circo
Pretendía que mi regreso a las pistas fuera más alegre, pero por esas cosas que pasan me he visto envuelto en una situación que solo puede calificarse como desagradable. Y como la fuente de esa situación fue nada más y nada menos que Internet, ahora me aprovecho de Internet para descargar mi ira.
La historia se remonta al año 2005, cuando, como muchos ya saben, agarré mis maletas y me fui en vuelo casi directo (con escalas en Sao Paulo y Zürich) a Madrid, de intercambio académico por 7 meses. Tuvo poco de académico, porque en realidad, más que volver con un montón de conocimientos nuevos, volví con un montón de experiencias y amistades que me marcaron la vida. Así de tajante y siútico, pero no por ello menos cierto. Y bueno, entre muchas cosas que viví allá, cuando llegó el verano europeo, estábamos casi de vacaciones y a punto de volver cada uno a nuestros países originales, nos enteramos por la prensa de la celebración del día del orgullo gay en las calles de Madrid. Mi núcleo de amistades (constituido por dos polacas, un mexicano y un chileno, o sea yo) jamás en la vida había presenciado un acto así, así que nos unimos a nuestros amigos europeos occidentales (más acostumbrados a este tipo de espectáculos) para ir a ver como desfilaban las carrozas por la Plaza Cibeles. Jamás había visto cosa igual. Las polacas, Marta y Kasia, tenían un cinturón o algo así con los colores del arcoiris, el cual nos cedieron a Gustavo, el mexicano, y a mí, para que nos lo pusiéramos en la cabeza y estar más ad-hoc con el ambiente. Así que ahí estábamos, los de los países en vías de desarollo (Polonia, México y Chile), con los italianos, franceses y griegos, en medio de hordas de madrileños bailando y disfrutando un show que a todos nos sorprendió bastante. Lo pasamos muy bien. Sacamos muchos fotos. En fin, fue una experiencia más de las muchas vividas allá en la capital de la Madre Patria.
Pasemos a Chile. Santiago, Abril de 2008. Gustavo había publicado en su facebook algunas fotos de los periplos por Madrid. Uno de los álbumes de fotos está exclusivamente dedicado a esto del día del orgullo gay. En una de las fotos, pongo un comentario, opinando que esa debería ser una foto prohibida, en alusión a una supuesta foto mía en las playa de Maspalomas en las Islas Canarias. Y añadiendo que tenemos que buscar a Guillaume, nuestro amigo francés amante de la montaña, del cual no sabemos nada hace más de un año. Hasta aquí todo normal.
Pero, oh no! Gustavito olvidó que México no es como Chile. Ni Polonia tampoco. Ni España, para que decirlo... Porque al dejar este comentario en la foto, automáticamente mi lista de amigos de facebook tuvo acceso a verla. Tonto también yo, por no saber ubicarme en un país como este en el cual nací... Hoy me entero que entre mis compañeros del último colegio en que estuve, mi único colegio santiaguino, está circulando un mail que contiene esta foto, bajo el rótulo "Concha gay?". Con Concha se refieren a mi, que en este colegio la forma de fomentar la identidad propia pasa por tratarse por los apellidos, cosa que mi mentalidad provinciana (mucho más sana, de más esta decirlo) nunca logró digerir por completo. El mail ha estado circulando entre mis "compañeros" (paradójico es que algunos de ellos sepan tan poco sobre compañerismo) sin que yo supiera nada al respecto, hasta que me enteré hoy por terceras personas de su existencia. El mail no lo he visto, pero tras una que otra llamada ya puedo describirlo.
Me di como plazo hoy mismo para enojarme. Mañana olvidaré el tema. Pero aprovecho esta humilde tribuna para descargarme a costa de mi fiel público, en el cual seguro que no está el imbécil que me está provocando este mal rato. Mi paso por ese colegio fue bastante circunstancial y fugaz. Estuve los últimos dos años, recién llegado de La Serena, de haber estado en dos colegios chicos, laicos y mixtos, para llegar a este otro enorme, católico y de puros hombres. Mi paso por ahí fue más bien sin pena ni gloria. A algunos de mis compañeros no los veo desde la fiesta de graduación, en diciembre del 2001. Jamás tuve problemas con nadie. No he tenido ningún contacto con la mayoría en los últimos 7 años. Por ello, más me sorprende que alguno haya agarrado esta foto, para descontextualizarla y escribir un mail con la única mala intención de cahuinear (el verbo de chisme, para los extranjeros) sin fundamento alguno. A mis espaldas, y usando material de dominio público en Internet. Como si yo fuera tan idiota como para tener material que considere comprometedor publicado en cualquier parte. Es lo que hace el ocio, la tontera y la envidia.
La foto en cuestión, que ahora es mi foto de cabecera en facebook, es la siguiente. El lector con un mínimo de inteligencia se dará cuenta que la foto no es más que tres amigos haciendo el loco en el centro de Madrid.
Lo más triste de todo esto es que yo no tengo 15 años. Por ende, mis compañeros de colegio tampoco. Se trata de hombres de 24-25 años, a algunos de los cuales aún les cuesta superar la pubertad. Salidos de un colegio donde a ninguno le falta el pan. Lo que les faltaba a algunos estas semanas era el circo.
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4/01/2008
Árbol abrazado muere por falta de agua, no de cariño
Tras un breve receso, vuelvo a las pistas.
No sé si habrá alguien esperando, pero eso no importa tanto.
Eso si, no vuelvo hoy.
Ya se me ocurrirá algo.
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1/28/2008
Braulio y Tiburcio
Hace bastante tiempo que le había prometido a algunos amigos que les prepararía un gazpacho andaluz para que probaran esta refrescante bebida veraniega, aprovechando que los tomates están bastante buenos y que ya no están más caros que las paltas, como ocurrió hace algunos meses, provocando que los churrascos italianos se poblaran de verde a la vez que gradualmente perdían el rojo de su histórica composición. La cosa es que estaba yo el viernes pelando tomates para cumplir la aplazada promesa cuando surgieron en mi memoria los primeros recuerdos que tengo de la Madre Patria, de un viaje que hicimos en Diciembre del '90 para pasar la Navidad en Sevilla con toda la familia de ese lado del mundo.
Pero no me acordé de las cosas típicas que recuerdo de ese viaje, que serían el olor de los puros que fumaba mi abuelo, los polvorones que mi abuela preparaba en la cocina, la Cabalgata de los Reyes Magos, el rinoceronte de Cortilandia que echaba humo por la nariz, las historietas de Mortadelo y Filemón, que una peseta era lo mismo que 3 pesos chilenos, las bebidas sin cafeína, la Fanta de limón, los parques y las palomas blancas, la primera vez que fui a un Mc Donald's, la Expo y su mascota Curro, el payaso Miliki, aprender a jugar ajedrez, los mapas del mundo que calcaba de un atlas, el muñeco narigón con cara de Felipe González o los cigarros de chocolate, entre otras muchas cosas que me llamaron la atención.
Lo que recordé mientras trituraba tomate, pepino, cebolla y pimentón en la juguera fue a Braulio y Tiburcio, dos de los personajes principales de "Pajarracos de Sevilla", un cuento con el que mi abuelo nos mantuvo ocupados algunas noches de ese viaje. La cosa funcionaba así: él creaba el cuento y dictaba, yo escribía y la Xixi hacía las ilustraciones, las cuales eran calificadas con frutas, en una escala que no recuerdo muy bien como funcionaba, pero creo que la mejor nota era la manzana y la peor las uvas. Todo surgió de la obsesión que teníamos con un parque que quedaba al lado del edificio, en la calle República Argentina, que estaba repleto de palomas, patos y gorriones, entre otras aves, a las cuales íbamos frecuentemente a alimentar. Mi abuela dejaba migas de pan en la terraza y nosotros nos asomábamos a esperar que llegara algún pájaro a comer.
Y así nació "Pajarracos de Sevilla", un cuento casi épico que contaba las vidas de algunos de estos pájaros, que tenían nombres rarísimos, muchas alegrías y penurias también. Si mal no recuerdo, el protagonisto absoluto era Braulio, Tiburcio era un amigo de Braulio por alguna circunstancia, y había un pato con una historia tristísima, que puede haberse llamado Silvestre... Nunca llegamos a terminar el cuento mientras seguimos en Sevilla, sólo me acuerdo que quedó en cuando Braulio recibía una terrible noticia, algo había pasado en Santander relacionado con Tiburcio, por lo que iba a tener que emprender un largo viaje recorriendo la península ibérica para solucionar esta situación.
Volvimos a La Serena dejando la historia hasta ahí, y con la promesa que eventualmente terminaríamos de escribirla por nuestra cuenta. Como suele pasarme con casi todo, esto fue aplazado por varios meses, me atrevería decir que casi dos años, hasta que la historia por fin tuvo final. La calidad literaria bajó bastante, hay que reconocerlo, no sólo porque mi abuelo es, entre otras cosas, un gran aficionado a la lectura con un par de libros publicados sobre economía, mientras que yo no tenía ni 10 años y mi gran logro era haber escrito un poema (que hoy me da una vergüenza atroz) sobre las Fiestas Patrias en el colegio. El problema era que yo no tenía ni idea de qué había entre Sevilla y Santander que fuera digno de comentarse. Traté de llevar el cuento a la realidad nacional y lo primero que se me ocurrió es que si Santiago era la capital de Chile, y era ruidosa y contaminada, Madrid tenía que ser el equivalente allá, con lo que al pasar por Madrid, Braulio caía muy enfermo por todos los excesos urbanos, situación que mejoraba poco tiempo después de dejar la capital, con los aires limpios y la tranquilidad campestre que yo me imaginaba que habría en Castilla y León.
Pero sin duda, el giro más surrealista que le di a la historia fue cuando Braulio conocía en Burgos a una paloma que venía nada más y nada menos que de la Plaza de Armas de La Serena... La paloma en cuestión, que se llamaba Juan (ojo con la originalidad del nombre), había emigrado a España buscando el verano, como una cosa pajarística absolutamente normal. Sin darme cuenta, los 700 kilómetros de ardua travesía de Braulio entre Sevilla y Santander quedaban reducidos a un paseíllo menor al lado de los más de diez mil que el palomo chileno había recorrido tranquilamente escapando del invierno del Hemisferio Sur. Poco entendía yo que esa paloma, con suerte, podría llegar a Paihuano si es que se dedicaba a volar por el resto de sus días, pero cruzar la Cordillera, la pampa argentina, el Amazonas y el Atlántico estaba algo sobreestimado.
No he logrado acordarme como terminaba la historia. El palomo Juan probablemente ni siquiera llegó a Portugal, pero él era sólo un secundario, así que en cualquier caso su historia no siguió. Braulio llegaba a Santander, y seguramente solucionaba todos los problemas con un final feliz, que yo en esa época no iba a escribir un final triste para este pobre pajarraco sevillano. Pero aún cuando a esa edad no había malicia alguna en la escritura, recuerdo un pasaje del encuentro entre Braulio y Juan que todavía me llama mucho la atención, y que puede tener lecturas bastantes alejadas de la ingenuidad infantil. Juan le comenta a Braulio que está muy sorprendido porque las palomas en Chile son...
Negras! Mientras que las palomas europeas son blancas y limpias... Fuerte, o no? Sin querer le imprimí al cuento un toque racial bastante insólito, del cual no fui consciente hasta que me puse a analizar demasiado las cosas. Fotocopiamos un montón de ejemplares que mandamos por correo a toda la parentela española. Hago un llamado a todos ellos, si tienen en su poder algún ejemplar del libro, por favor mándenme una copia como sea, que tengo muchas ganas de releerlo. A lo mejor lo publico en el blog, previa censura, claro está, que quién sabe qué más cosas subliminales horribles puedan tener esas hojas...
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12/14/2007
Navidad: Una Interpretación Libre
Hace años que en mi casa no se pone árbol de Navidad. No porque seamos unos antiimperialistas preocupados por la fiebre del consumo que estas fechas (y el capitalismo) propician, sino porque cada año nos quedaba más feo que el anterior, reciclando año a año todos los adornos que cada uno de los cuatro hermanos había hecho desde la etapa pre-escolar, las guirnaldas ochenteras, plateadas, doradas y moradas, y una estrella de plástico sin gancho para afirmarla, con lo que había que ensartarla en la punta del árbol plástico y hediondo, provocando que su punta se doblara y pareciera un árbol con joroba. Todo un deprimente espectáculo navideño. Ahora lo que se estila es el mucho más auténtico, natural y latinoamericano "ficus de Pascua", que está todo el año esperando que se acerque Diciembre para vestirse de gala con sus pelotas rojas y amarillas.
Y para continuar con el espíritu, los invito a que escuchen mi villancico favorito, cortesía de Aplaplac, TVN y YouTube: Calurosa Navidad!
Fe de Erratas: Habrán notado que cambié el banner. Es que quería darle un toque personal a esto y con horror me doy cuenta que escribí mal el título. No es "tú árbol" sino "tu árbol"... Que vergüenza. Pero con lo que me costó digitalizar el arameo no tengo ninguna intención de cambiarlo, así que así quedará.
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11/25/2007
Introducción al Dialecto Chileno
Pronombres Personales
Yo: Primera Persona Singular
Tú: Segunda Persona Singular
Él: Tercera Persona Singular
Nosotros: Primera Persona Plural
Vosotros: Segunda Persona Plural
Ellos: Tercera Persona Plural
Terminaciones Verbales
-ar (viajar)
-er (comer)
-ir (discutir)
Tiempos Simples del Modo Indicativo
Presente: Yo viajo, tú viajas, él viaja, nosotros viajamos, vosotros viajáis, ellos viajan.
Pretérito Perfecto Simple: Yo viajé, tú viajaste, él viajó, nosotros viajamos, vosotros viajasteis, ellos viajaron.
Pretérito Imperfecto: Yo viajaba, tú viajabas, él viajaba, nosotros viajábamos, vosotros viajabais, ellos viajaban.
Futuro: Yo viajaré, tu viajarás, el viajará, nosotros viajaremos, vosotros viajaréis, ellos viajarán.
Condicional: Yo viajaría, tú viajarías, él viajaría, nosotros viajaríamos, vosotros viajarías, ellos viajarían.
Después de esto (que me aburrió más a mi escribir que a ustedes leer), pasamos a las distorsiones.
=>Ustedes: Segunda Persona Plural
=> Ustedes viajan, viajaron, viajaban, viajarán, viajarían.
Caso 1: Terminación -ar
La “s” final se cambia por una “i” para los tiempos Presente, Pretérito Imperfecto, Futuro y Condicional.
=> Tú viajai, viajaste, viajabai, viajarai, viajaríai.
Caso 2: Terminaciones -er, -ir
La “es” final se cambia por “is” para el tiempo Presente, y la “s” por “i” en Pretérito Imperfecto, Futuro y Condicional.
=> Tú comís, comiste, comíai, comerai, comeríai.
=> Tú discutís, discutes, discutíai, discutirai, discutiríai.
Cabe destacar que la “s” final en el tiempo Presente es muda, fenómeno que se estudiará en un futuro capítulo sobre la pronunciación.
Fenómenos Asociados
Ciertos verbos cambian la forma de su base al ser conjugados en tiempo Presente, donde la vocal de la base pasa a ser un diptongo (por ejemplo: volar/vuelas, dormir/duermes, herir/hieres, cocer/cueces). En el dialecto chileno, la conjugación de la segunda persona mantiene la base del infinitivo.
=> Tú volai, dormís, herís, cocís.
No sé si se me escapa algo. Espero que no. Ojalá les sirva a los futuros visitantes como guía para entender algo más. Y que la Real Academia de la Lengua Española no me ponga en su lista negra por cercenar tan burdamente nuestro idioma…
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11/13/2007
Gracias
A Hugo, José Luis y Juan Carlos.
Por lograr que, por unas horas, Santiago de Chile fuera la ciudad más interesante del planeta.
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Juano
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